jueves, 11 de junio de 2009

el prefacio

Es el preámbulo, o parte que precede al cuerpo principal de la obra. Páginas destinadas al escrito que sirve como preparación para lo que es la materia principal del libro.

Con la intención de proporcionarle un marco teórico y justificativo a nuestro proyecto, citamos a continuación un resumen de un texto que forma parte de la bibliografía de cursada de la materia Psicología Institucional dictada por la cátedra II Fernández, en la facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires.


La fábrica de la infelicidad de Franco Berardi Bito

La red empezó a difundirse y a mostrar sinergias culturales, técnicas y comunitarias. En la actualidad, la capacidad cognitiva se ha vuelto el principal recurso productivo. Hoy la mente se encuentra en el trabajo como innovación, como lenguaje y como relación comunicativa.

El organismo consciente y sensible es sometido a una presión competitiva, a una aceleración de los estímulos, a un estrés de atención constante.
El proceso de producción digital está adquiriendo una dimensión biológica.
La empresa digital funciona como un excelente sistema nervioso artificial. En él, la información fluye con la velocidad y naturalidad del pensamiento en un ser humano.

El sistema nervioso digital se incorpora progresivamente al sistema nervioso orgánico, al circuito de la comunicación humana. Lo recodifica según sus líneas operativas y su velocidad.
El proceso de producción se semiotiza y la formación del sistema nervioso digital implica y conecta la mente, el psiquismo social, los deseos y las esperanzas, los miedos y la imaginación. Por ello tenemos que ocuparnos de la producción semiótica, del cambio lingüístico y cognitivo.
Esta aceleración de los estímulos es un factor patógeno que alcanza al conjunto de la sociedad. Lleva a un estado de electrocución permanente, que se traduce en una patología difusa, que se manifiesta, por ejemplo, en el síndrome de pánico y en los trastornos de la atención.
Hoy en día el pánico se manifiesta de un modo diferente al que los psiquiatras conocían hace algunos años. Actualmente aparece como síntoma doloroso e inquietante de la sensación de no lograr controlar el propio cuerpo, con la aceleración del ritmo cardíaco, la dificultad para respirar y hasta incluso la parálisis.
Por otro lado, la mediatización de la comunicación y la consiguiente escasez de contacto físico pueden producir patologías de la esfera afectiva y emocional. Existe toda una generación que ha aprendido más palabras y ha oído más historias de la televisión que de su madre.
La constante excitación de la mente por parte de flujos neuroestimulantes produce una saturación patológica. Los trastornos de la atención y la incapacidad de mantener la atención concentrada en un objeto por más de unos segundos son producto de esa hiperestimulación.
Al individuo le genera depresión que su sistema emocional, físico e intelectual no pueda soportar la hiperactividad, y como consecuencia las cosas han empezado a ir mal en el mercado, lugar semiótico en el que signos y expectativas de sentido se encuentran.

El mediascape es el sistema mediático en continua evolución, el universo de los emisores que envían a nuestro cerebro señales. La infosfera es el interfaz entre el sistema de los medios y la mente que recibe sus señales. La mente es el universo de los receptores, que no se limitan a recibir, sino que elaboran, crean y a su vez ponen en movimiento nuevos procesos de emisión y producen la continua evolución del mediascape.
La evolución de la infosfera ha producido un salto en la potencia, velocidad y el propio formato de la infosfera. Pero a este salto no le corresponde un salto en la potencia y en el formato de la recepción. El universo de los receptores, es decir los cerebros humanos, no está formateado según los mismos patrones que el sistema de los emisores digitales.
El paradigma de funcionamiento de los emisores no se corresponde con el paradigma de funcionamiento de los receptores. Esto se manifiesta en una electrocución permanente, pánico, sobreexitación, hipermotilidad, trastornos de atención, dislexia, sobrecarta informativa, saturación de los circuitos de recepción.
El formato del universo de los receptores no ha podido evolucionar al mismo ritmo, por la sencilla razón de que se apoya en un soporte orgánico que tiene tiempos de evolución completamente diferentes a los de las máquinas.
Lo que se ha producido podría llamarse “cacofonía” paradigmática: un desfase entre los paradigmas que conforman el universo de los emisores y el de los receptores. En una situación así, la comunicación se convierte en un proceso asimétrico y trastornado.

Paul Virilio sostiene, que la velocidad es el factor decisivo de la historia moderna. Gracias a la velocidad, se ganan las guerras, tanto las militares como las comerciales.
En cierto sentido podemos decir que el espacio ya no existe, puesto que la información lo puede atravesar instantáneamente y los acontecimientos pueden transmitirse en acontecimientos virtualmente compartidos.
La aceleración de los intercambios informativos ha producido y está produciendo un efecto patológico en la mente individual, y con mayor razón, en la colectiva. Los individuos no están en condiciones de elaborar conscientemente la inmensa y creciente masa de información.
La última generación padece una incapacidad para leer una página desde el principio hasta el fin siguiendo un proceso secuencial y una incapacidad de mantener la atención concentrada en el mismo objeto por mucho tiempo. Esta dislexia se extiende por los compartimientos cognitivos y sociales, hasta hacer casi imposible la producción de estrategias lineales.
Algunos, como Davenport y Beck, hablan de economía de la atención. Falta el tiempo necesario para prestar atención a los flujos de información que estamos expuestos y que debemos valorar para poder tomar decisiones. La consecuencia está a la vista: decisiones económicas y políticas que no responden a una racionalidad estratégica a largo plazo sino tan solo al interés inmediato.
El universo de los emisores (ciberespacio) procede ya a velocidad sobrehumana y se vuelve intraducible para el universo de los receptores. Se abre así un desfase patógeno y se difunde la enfermedad mental, que se muestra cada vez más como una epidemia social, o más precisamente sociocomunicativa.
Si quieres sobrevivir debes ser competitivo, y si quieres ser competitivo tienes que estar conectado, tienes que recibir y elaborar continuamente una inmensa y creciente masa de datos. Esto provoca un estrés de atención constante y una reducción del tiempo disponible para la afectividad, que desvastan el psiquismo individual.

1 comentario:

  1. Un desfase patógeno... Sí, es muy buena definición. Ahí estamos, desfasados..., pero intentando sobrevivir (lo de triunfar es ya prosopopeya).

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